Anécdotas como psicoterapeuta


ANÉCDOTAS COMO PSICOTERAPEUTA; PARADOJAS
 Psicóloga. Sanry Marrufo Corrales

Yo inicié mi práctica como psicóloga clínica en el servicio externo de la universidad, recuerdo un caso que fue particularmente disfrutado por mí como terapeuta. Llamémosle Don“Jorge” a la persona que llenó una solicitud de servicio con faltas de ortografía, letra de un niño de primaria, y pidiendo que le ayuden con un problema de sexo precoz, así lo describió en su solicitud, el señor no hablaba bien el español (dado que su idioma principal era el maya y en Mérida pocas personas hablan maya), él tenía más de 40 años y presentaba episodios de eyaculación precoz; pero se trataba de un campesino, casi analfabeta, que se atrevió a solicitar ayuda sobre algo que la mayor parte de los hombres tradicionales no se atreven a reconocer ante los demás, y eso llamó mi atención en primera instancia.
El caso tenía demasiado tiempo en espera, sin que nadie lo eligiera; un día, buscando nuevos casos, pregunté si había algo diferente para mí, y me dieron su expediente. El terapeuta tiene que sentir que puede conectarse con el otro, probablemente nadie lo elegía porque lo veían difícil para el proceso de comunicación. Bueno, él semianalfabeta y "mayero", y yo no hablo maya pero entiendo un poco si me esfuerzo. ¿Cómo trabajar la problemática con una persona con la cual no te puedes comunicar verbalmente?, eso fue lo lindo de ese proceso terapéutico; todo fue con dibujos, metáforas, cuentos y leyendas mayas. Nos salimos del consultorio y nos fuimos a los jardines, nos sentábamos en una roca a charlar, usábamos la cosecha del jardinero en la hortaliza del patio trasero y el andar de ambos fluyó de manera natural hasta que un día terminó, como terminan las relaciones terapéuticas, cuando ya no es necesaria.

Algo que hago, cada vez que me lo permiten, es transformar la terapia de llantos en risas. Los pacientes que están más casados con el sufrir tardan un poco más que los que sólo quieren sentirse mejor, los segundos se enganchan más rápido. Por alguna razón hay una vena de payasita en mí que transforma las cosas en comedia, ¿quién dice que el dolor sólo se puede canalizar en el llanto? Yo lo pienso al revés, la risa es una buena catarsis.
Es imposible sentirse mal cuando te ríes y si aprendes a reír más tiempo que a llorar, mejor. Un ejercicio que disfrutan, algunos pacientes,  tiene que ver con imaginarte las tragedias de tu vida con movimientos de las películas de Charles Chaplin, en blanco y negro, y con música de fondo; lo que hacía Chaplin cuando a las tragedias las ridiculizaba al máximo.

El éxito de la terapia de risa tiene que ver con poder mirar a la vida sólo como la vida, y las cosas que pasan en ella sólo como cosas que pasan. Pero lo que es placentero es reírse con ganas, no hacer gimnasia bucal, no de manera fingida, yo trato de sacar la risa, pero ojo, es necesario modificar todo el tiempo el estilo porque lo que da risa es lo inesperado, lo espontáneo. Sin olvidar que la risa no suple a las lágrimas ni al enojo, porque no se trata de enmascarar o de quitarle su propio valor a las emociones que los desatan.
La risoterapia, dentro de la psicología, la adopté como un recurso más. Algunas personas prefieren otro estilo de terapia, y si no me conecto con las necesidades de la persona frente a mí puede fracasa el objetivo terapéutico. Si el paciente no está listo-lista para reír, utilizo otras técnicas y de ahí, si las condiciones son propicias, pasamos a la risa.

Dentro de un proceso de autohipnosis no necesitas de otro, tú tienes la capacidad de hacer reír, de sacar una sonrisa que es un curita para el alma; el ejercicio de hacerlo luego, contigo, es solo transportarlo. Por ejemplo, si tienes un episodio en el que necesitas sentirte miserable, disfrútalo.
Para qué sirve ser miserable sin disfrutarlo, yo de vez en cuando tengo mi sesión de pobre de mí, pero no a medias, realmente soy extremadamente pobre de mí, luego me mando a volar y vuelvo a ser la loca de siempre; eso me permite disfrutar de lo que la gente cree que no es disfrutable y luego, como todo lo disfrutable, para que siga siendo disfrutable, hay que dejarlo reposar, o se volvería cansado; es más, puedes planearlo.

Por ejemplo, si miro a mis seres queridos, a mi familia, y no puedo dejar de pensar que van a morir, la cosa sería poder elaborar esa angustia que me produce el abandono; es un ejemplo de pobre de mí que solemos tener cuando alguien que amamos pasa por una enfermedad complicada. Si pienso, está conmigo ahora así que voy a disfrutar porque está ahora, puede ser placentero. Si pienso, se van a ir y me va a abandonar, eso es una sesión de pobre de mí, para disfrutarla podrías planear los detalles.
A ver, ¿cómo te gustaría la fiesta?, ¿qué ropa te pondrías para tu sesión maravillosa de pobre de mí?, puedes planearla contigo, sin que nadie sepa que haces, porque es tu sesión particular, para ti y nadie más, como un postre preferido, planearla como un regalo que te das (suele ser más divertido que los demás no sepan, como complicidad contigo). Si para disfrutar de tu sesión necesitas un poco de público tal vez te gusta que se angustien por ti, posiblemente aprendiste a interpretarlo como muestra de amor.
Probablemente el pobre de mí sólo tiene sentido si alguien más sufre. Como sentir que cuando nos comprenden en ese estado le diera un toque más dramático, ¿qué pasaría si tradujeras lo dramático, en nadie comprende lo que me pasa? lo interesante seria que actuara mi "pobre de mí" y el resto se riera.

Puedes hacerlo, eso es esencialmente lo que hizo Charles Chaplin.

                                                       

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