El lugar de los secretos y de la esperanza. Metáfora de la psicoterapia



 Sanry Marrufo Corrales
Licenciada en Psicología con Maestría en Psicoterapia Ericksoniana



La terapia son los diferentes caminos, el paciente es el explorador, el terapeuta es como la brújula, el sol o las estrellas, depende del camino y del explorador para ser una u otro.


Algunas personas caminan en el desierto, les faltan agua y sombra para descansar; otros caminan en la selva y les sobran agua y sombra, pero les falta luz; algunos más caminan en el bosque o en la pradera, otros caminan en ciudades sobrepobladas o en laberintos. Lo importante no es el camino, sino caminar, sea hacia un destino o simplemente caminar... y si se atreven... volar... o soltar amarres y navegar dejando que el viento haga lo suyo.


Todos los días, después de cruzar la pequeña reja blanca, dos manos me saludan; frente a ellas, un pez se deja ver entre las hojas secas que caen de algún árbol cercano; tal vez de los arbustos en el jardín.
Sé que he llegado al lugar de las palabras, al lugar de los secretos y de la esperanza. La primera no es una habitación grande, aunque tampoco es demasiado pequeña, los colores naranja chabacano la iluminan, el negro del escritorio y los tonos en café del decorado le complementan. El olor a incienso, agradable y relajante dice: “buenas tardes” y me invita a pasar.
Un poco más adentro, los jarrones me miran de frente, es la habitación del barro, del artista mexicano; sobresale el árbol de la vida oaxaqueño. Sigo caminando con el aroma a café que me acompaña a la siguiente habitación.


Es un refugio, me dijo alguna vez una de las personas que me visitan. Tiene tres viejos sillones de madera, un librero con millones de ideas interesantes, decenas de discos, papeles organizados por su significado y un computador portátil descansando en el escritorio. Otras dos manos me dicen mi nombre, a papel y lápiz, con el fondo violeta de la pared; el reloj me canta suavemente su tic, tac, las tazas invitan a disfrutar de un té o un café y el ventilador alivia el calor regalando un viento fresco. Me baña el aroma a jazmín impregnando mi ropa y mis sentidos, preparándome para escuchar con atención despierta cada recuerdo, cada emoción, cada pedido que me traigan. 
Cómodamente sentada voy tejiendo nuevos relatos, transformando, acompañando, cicatrizando recuerdos. Un espacio de palabras amables para acomodar las emociones, es como le llamo yo.




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